Instagram

jueves, 31 de julio de 2014

CHOCOLATELLA

Fue el marcapáginas. Ya me lo advirtió. Ella era de las que doblaban la esquina de la página. Decía que con el marcapáginas siempre se le olvidaba si se había quedado en la página par o impar. Además, siempre lo perdía.
En los libros que iba leyendo me escribía mensajes en las páginas que tenía que alcanzar. Mi marcapáginas siempre quería avanzar más páginas de las que mis ojos eran capaces de leer para poder disfrutar de las palabras de la niña pequeña a la que tenía.
También era de las que cogía los pipos de los albaricoques y, en sus ratos libres, los lijaba para hacer algún silbato. A veces incluso, dejaba el hueso de alguna fruta con un poco de algodón y esperaba a que alguna raíz floreciese de él, aunque creo que no esperaba lo suficiente.
Sí que es cierto que era algo impaciente. Pero impaciente de las que saben cuándo serlo. Únicamente cuando sabía que era algo que podía tener en ese mismo instante. Como mis besos, vaya.
Me hacía mucha gracia cuando cruzaba sus piernas. Eso significa que se hace pis. A los cinco minutos estábamos entrando en algún bar para que pudiese ir al servicio. Y al final siempre era yo al que me tocaba beberse un café.
La verdad es que a veces podía llegar a ser la entropía en persona. Pero eso sí, sabía donde estaban las cosas. Bueno... sólo a veces, pero me encantaba cómo buscaba lo que quería lanzando todo hacía la cama.
Incluso su pelo era entrópico. Las ondas que tenía cada una iba para un lado y nunca coincidían. Por eso casi siempre llevaba el pelo recogido, y normalmente, cada día un recogido. Para no aburrir al personal.
Ella era de las que por las noches se levantaba hacía la nevera para coger una onza de chocolate. Lo hacía sigilosamente, para que no me diese cuenta. Pero ella y el chocolate desprendían tal aroma por la noche que me era imposible no disfrutarlo.
Sé que mientras trabajaba se inventaba juegos para no aburrirse. Algún juego de cálculo o de inventarse palabras. Estoy seguro. Y si no, silbaba.

Ella era locura. Felicidad. Leía los libros del revés y cantaba cuando estaba muy ocupada. Ella estaba en mí.
Pero un día, como ella me había advertido, olvidé si el marcapáginas marcaba la página 68 o la 69. Me perdí y nunca me volví a encontrar. No hubo más pipos, ni piernas cruzadas. La ropa volando dejó de tener alas y el aroma de chocolatella no volvió. Mi marcapáginas se perdió, como ella me advertió. Y con él me perdí yo entre las ondas de su pelo, sin saber porqué la tenía tan cerca pero no era mía.

No es nostalgia esto que siento. Es una rosa que se clava en mis
arterias y tiñe de negro mis venas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario