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lunes, 2 de junio de 2014

LOS BESOS QUE FALTARON

El otro día paseamos mi abuela y yo por el parque del Retiro. Como sabréis, los años pasan y la memoria perdura. Las historias son maravillosas. Algunas tristes, otras la acompañas con una sonrisa. Pero hay historias de las que no pasan desapercibidas.

Cuando ella era joven, iban todos los amigos a pasar la tarde en el Retiro. Era parecido a ahora: con parcelas de césped, estatuas y gente paseando. Únicamente se diferenciaba de ahora porque unos guardias con silbato y gorra acompañaban el paseo.
Si te sentabas o pisabas el césped, el silbato sonaba y debías abandonar rápidamente. A mi abuela le era familiar el sonido. 

Pero, lo más triste: si te besabas "apasionadamente" con tu propia pareja, te multaban con unas 50 pesetas, bastante para la época.
No había besos con sabor a nube mientras te venía el fresco del césped. O tardes enteras tumbados esperando a que uno se gire para recibir un beso con sabor a tiempo. O uno paseo en barca pasado por agua y acompañado de un beso sabor a carcajada. 

No había besos en el Retiro, que es uno de los alimentos básicos en la dieta Mediterránea.