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viernes, 2 de enero de 2015

FRÍO

Hay que resguardarse del frío.
Nos consume por dentro.
Empieza por el corazón.
Termina en los pies.

Es un frío anaranjado.
Naranja atardecer.
Empieza por tus labios.
Termina en tus manos.




viernes, 26 de diciembre de 2014

ESPERANDO

Esperamos a que lleguen momentos.
Nos impacientamos al esperarlos.
Pero no los provocamos.
Simplemente esperamos.
Y seguiré aquí.
Esperando.
A ti.




viernes, 12 de diciembre de 2014

EL TREN DE LA SOLEDAD

Puede que no. Que no haya salido ese tren. Que se retrasase o se perdiese en el laberinto de andenes de Atocha. Hay improbables que son susceptibles a transformarse en probables cuando la probabilidad de que nada haya cambiado vaya aumentando según se escapa el tren. 

Pero este tren o se fue o se perdió. No es que sea ni probable ni improbable. Lo decía la pantalla de la estación. Sin hacer ruido, tomó la vía rápida: "Sin destino". A las 10:33. De Atocha directo al corazón. No el tren, el dolor. 

El tren creo que hizo parada perpetua en el cerebro. Donde todo se rige por la racionalidad. La racionalidad sin sentido, quiero decir. Dices que sí porque sí y que no porque no. Cuando te cansas del sí, pasas al no; y cuando te cansas del no, el tren te manda a la mierda. Bien hecho, por cierto. 

El dolor del corazón funcionó por impulsos. A juego con el cerebro. Hasta que, igualmente, lo mandaron a la mierda. "Tren destino: Soledad". Ese era mi tren.

Era improbable que hubiese pensado en este tren, pero llegó a probable cuando el corazón y el cerebro tomaron destinos diferentes. Se va mi tren. Adiós.




domingo, 7 de diciembre de 2014

COMO UN MONET

He vivido momentáneamente en un cuadro de Monet. Cada vez que salía a pasear, mojaba mis pies en pintura y dibujaba mis sentimientos con mis huellas.
   Cuando giraba a la izquierda, te quería besar. 
   Si lo hacía hacia la derecha, te quería abrazar.
   Pero cuando daba vueltas sobre mí misma... El vestido giraba y 
   giraba.



lunes, 4 de agosto de 2014

CICATRICES

El otro día el cielo tenía una cicatriz de unos 43 puntos en media de su panza. Fui a visitarle al hospital y me contó que está muy grave. a parte de dicha cicatriz, en la cocorota tiene un gran agujero que no saben qué hacer con él. Dicen los médicos que si sus órganos siguen produciendo tantos líquidos y gases perjudiciales para él, el agujero irá aumentando y el Sol podría quemarle el cerebro.

Para ello, el doctor me dijo que sus órganos van a recibir de nuevo otro aviso. Llevan algo así como millones de éstos, pero siguen sin hacer caso. Es importante que sigan los pasos siguientes para que el cielo pueda recuperarse o, al menos, seguir estable:

  1. Cuidar su planeta, que es suyo y de otro miles de millones de seres vivos más.
La verdad, es que es sencillo. No sé porque no se sigue el tratamiento.


GAZA

No sé ni a quién creer ni a quién leer. No sé tampoco lo que está pasando con la comunidad internacional. 

No sé quienes son esos dioses por los que dicen matar. O por los que justifican las muertes para tener siempre las manos limpias.

No sé porqué niños (y no sólo niños) tienen que morir, sean de un lado o de otro, cuando es un conflicto de hace más de 60 años.

No puedo, en realidad, llegar a entender lo que está pasando en Gaza. Todo el mundo se esconde bajo la sábana con un "es un conflicto de hace muchos años muy complejo de explicar". ¿Y? Explícamelo, por favor, tengo toda la tarde.


jueves, 31 de julio de 2014

CHOCOLATELLA

Fue el marcapáginas. Ya me lo advirtió. Ella era de las que doblaban la esquina de la página. Decía que con el marcapáginas siempre se le olvidaba si se había quedado en la página par o impar. Además, siempre lo perdía.
En los libros que iba leyendo me escribía mensajes en las páginas que tenía que alcanzar. Mi marcapáginas siempre quería avanzar más páginas de las que mis ojos eran capaces de leer para poder disfrutar de las palabras de la niña pequeña a la que tenía.
También era de las que cogía los pipos de los albaricoques y, en sus ratos libres, los lijaba para hacer algún silbato. A veces incluso, dejaba el hueso de alguna fruta con un poco de algodón y esperaba a que alguna raíz floreciese de él, aunque creo que no esperaba lo suficiente.
Sí que es cierto que era algo impaciente. Pero impaciente de las que saben cuándo serlo. Únicamente cuando sabía que era algo que podía tener en ese mismo instante. Como mis besos, vaya.
Me hacía mucha gracia cuando cruzaba sus piernas. Eso significa que se hace pis. A los cinco minutos estábamos entrando en algún bar para que pudiese ir al servicio. Y al final siempre era yo al que me tocaba beberse un café.
La verdad es que a veces podía llegar a ser la entropía en persona. Pero eso sí, sabía donde estaban las cosas. Bueno... sólo a veces, pero me encantaba cómo buscaba lo que quería lanzando todo hacía la cama.
Incluso su pelo era entrópico. Las ondas que tenía cada una iba para un lado y nunca coincidían. Por eso casi siempre llevaba el pelo recogido, y normalmente, cada día un recogido. Para no aburrir al personal.
Ella era de las que por las noches se levantaba hacía la nevera para coger una onza de chocolate. Lo hacía sigilosamente, para que no me diese cuenta. Pero ella y el chocolate desprendían tal aroma por la noche que me era imposible no disfrutarlo.
Sé que mientras trabajaba se inventaba juegos para no aburrirse. Algún juego de cálculo o de inventarse palabras. Estoy seguro. Y si no, silbaba.

Ella era locura. Felicidad. Leía los libros del revés y cantaba cuando estaba muy ocupada. Ella estaba en mí.
Pero un día, como ella me había advertido, olvidé si el marcapáginas marcaba la página 68 o la 69. Me perdí y nunca me volví a encontrar. No hubo más pipos, ni piernas cruzadas. La ropa volando dejó de tener alas y el aroma de chocolatella no volvió. Mi marcapáginas se perdió, como ella me advertió. Y con él me perdí yo entre las ondas de su pelo, sin saber porqué la tenía tan cerca pero no era mía.

No es nostalgia esto que siento. Es una rosa que se clava en mis
arterias y tiñe de negro mis venas.